sábado, 17 de abril de 2010

Dilemas

Un dilema social es una situación en la que el beneficio a un individuo afecta al beneficio colectivo. Por ejemplo, si usted en su patio tiene mucha basura acumulada le beneficia personalmente quemarla para deshacerse de ella, pero al hacerlo llena a todo el barrio de humo, causando afecciones respiratorias en muchas personas, contaminando el ambiente y, potencialmente, causando daños permanentes a otras personas. Ese es un dilema social. Es un dilema porque el individuo, el ciudadano, debe decidir si hace algo respecto al problema o si se queda con los brazos cruzados.

Otro ejemplo de un dilema social es el de aquellos padres que buscan un beneficio personal “alquilando” a una hija menor para que la misma viva sexualmente con un gringo, obteniendo beneficios personales como dinero y objetos de u so personal, pero desgraciando a la hija para el resto de su vida y a la sociedad por los resultados sociales negativos que crea.
Otro ejemplo es el de la persona que construye sobre su propiedad, su terreno, con su dinero y edifica un centro comercial en el centro del pueblo, beneficiándose por los resultados, pero construye sin espacios de aparcamiento, congestionando así la zona urbana y creando problemas de seguridad en el tránsito vehicular y peatonal.

Un ejemplo clásico de dilema social es el de la familia que viene a disfrutar la playa, gozándose de la fina arena, del refrescante mar, del cálido sol y del ambiente vigorizante, pero llena todo su espacio de plásticos, de basura y de remanentes de bebidas y comidas, marchándose al final del día y dejando un feo despliegue de irresponsabilidad sobre la arena.

Finalmente, el ejemplo del político, del administrador, del presidente de un sindicato, del encargado de un proyecto, que se beneficia personalmente de los dineros que pertenecen al pueblo o a la organización, usando ese dinero para comprar objetos para su beneficio, mientras que el pueblo, el partido, los miembros del sindicato o el pueblo mismo pierden en bienes y servicios; o sea, que el enriquecimiento de uno resulta en el empobrecimiento de muchos.
Los dominicanos por regla general prefieren que todos “nos llevemos bien.” Cuando vemos condiciones como las antes descritas la tendencia es la de no hacer nada para no molestar a los demás y para no crear problemas innecesarios. Además, los individuos son miembros de familias y si uno interviene en contra de un individuo se echa la familia encima. Esa tendencia a sobrellevar lo malo se le llama “impunidad,” o sea, no se penaliza lo malo porque escogemos no llamar a lo malo “malo,” ya sea para evitarnos problemas o por carencia de energía personal para luchar por el bien.

Aunque los dilemas antes escritos se centran en individuos, hay dilemas sociales que se centran en “sistemas.” Por ejemplo, cuando las autoridades no hacen nada aunque están llamadas a hacer cumplir la ley, persiguiendo a los ofensores y penalizando a los que violentan los derechos de los demás, entonces tenemos un dilema social de sistema, porque es el sistema legal, el aparataje del estado, la judicatura, las autoridades del ayuntamiento o los líderes de la organización, los que lamentablemente trabajan para permitir que lo malo siga ocurriendo, afectando a individuos y a grupos.

Muchas personas han perdido su fe en la justicia porque dicen que todos los que son miembros del sistema judicial son parte de y se benefician de la corrupción imperante. Muchos dentro de una asociación o sindicato no hacen nada cuando ven lo malo porque los líderes envueltos apoyan a los que hacen lo malo, entonces se sienten sin suerte, sin recursos, sin esperanzas.

Los dilemas sociales nos enseñan muchas cosas. Una de ellas es que los pueblos tienden a ser más pasivos que activos en la solución de sus problemas. Otra es que los que llegan a posiciones de poder se aprovechan de esa pasividad de los pueblos para cometer sus fechorías. Otra es que solamente cuando las personas mismas despiertan y se atreven a “cruzar el río” para luchar por sus derechos será cuando las cosas cambien. Las protestas populares son formas de “cruzar el río,” las denuncias públicas son otra manera, el uso de los canales que ofrece la misma ley es otra manera.

En el caso del ambiente político que nos rodea, corrupto e impune, tanto a nivel municipal como nacional, hay un momento en que las cosas se pueden poner dulce para los ciudadanos serios y amargas para los que viven haciendo daño a los demás. Ese momento son las elecciones, el lugar y el tiempo en que el ciudadano común, cédula en mano y de manera secreta “penaliza” a los malos y “premia” a los buenos. Ese es el momento cuando se cruza el río más grande de todos. Durante ese evento los malos hacen intentos como comprar cédulas, impedir acceso a las urnas y usar cualquier excusa para anular votos en contra de ellos.

Yo soy de los que creo en el poder de las fuerzas del bien porque los buenos somos más. La gente debe aprender y descubrir cómo votar adecuadamente para que su voto cuente y para que nadie pueda decir nada. Ese es el momento supremo de ponerle fin a la impunidad, ese es el momento de responder a nuestros dilemas sociales, decidiendo que el bien de la comunidad supera en miles de veces, los intereses egoístas y malsanos de unos cuantos. Ya se escucha el río, vamos a cruzarlo por el bien de la comunidad.

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