lunes, 12 de junio de 2006

Para Siempre Adiós

Para Siempre Adiós
Cuando pienso en el uso del tiempo es como si visitara a un cementerio. Cuando voy a un cementerio lo único que hago es encontrarme con la memoria, o para hacer una cita con una lágrima bohemia. Del cementerio no saco nada, sólo imágines que ya existían en mi mente, algo empolvadas, pero veo cual espejo la realidad que tarde o temprana será tan mía como la de los cadáveres que allí se encuentran. Entre mi memoria y mis lágrimas me doy cuenta que cuando estoy con mi gente lo hago no por lo que podamos hacer sino para simplemente estar juntos. Haciendo memorias creamos las lágrimas que luego brotarán de nuestros ojos en el cementerio. No importa si tenemos medio millón de minutos en este año 2006, lo importante es crear memorias para que cuando vayamos al cementerio tengamos de qué acordarnos.
El cementerio es entonces ese lugar donde el banco de nuestro tiempo se convierte en los cheles de nuestra memoria. Los cheles se convierten en billetes cuando la memoria nos acuerda de lo mucho que teníamos y de lo poco que nos hacía falta cuando estábamos con aquellos a quienes le hemos dado nuestro amor y nuestro cariño. Mejor aún, lo mejor es crear memorias para que mientras vivamos sepamos darle valor a lo que vivimos y, mucho más aún, para que sepamos darle valor a aquellos con quienes vivimos lo vivido. Qué triste sería llegar al cementerio y no tener memorias ni de nada ni de nadie. Cierto, cierto, siempre nos acordamos de algo, pero me refiero a esas memorias profundas, transcendentes, las que nos tocan el alma, como un clavo bien clavado en la caoba de nuestro ser.
Así que en este año 2006, con su medio millón de minutos, vivámoslo para la memoria, no la memoria superficial e intransigente, sino para la memoria final y duradera, la que nos aparta de la memoria de un perro o gato, de un árbol o de un viento, la que nos trae sonrisas a nuestros labios y lágrimas a nuestros ojos. Que este año nos traiga de todo lo bueno, pero sobretodo, que nos traiga buenas memorias, las que sólo podemos hacer tú y yo, con nuestras propias manos, con nuestros propios labios, con nuestras propias mentes, con nuestros abrazos y besos, con nuestro pensar, con nuestro actuar, con lo mejor que podemos darnos a nosotros mismos y a los demás. ¡Qué buen año nos espera. ¡¡¡Que viva el 2006!!!

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