jueves, 31 de mayo de 2007

Saartjie Baartman

Saartjie Baartman era una mujer de la tribu de Griqua, parte del grupo étnico Khoisa en Sudáfrica que vivió alrededor del 1790. Ella era una trabajadora doméstica en casa de unos agricultores cuando un visitante, el Doctor William Dunlop, llegó de visita y la conoció. No había nada particular o especial en Saartjie, excepto que sus nalgas eran grandísimas y su labia era sumamente larga, una característica genital de algunas mujeres Khoisa de la época.

El Dr. Dunlop la invitó a ir a Londres con él y le prometió que se haría muy rica como sujeta de investigaciones antropológicas y médicas, así que a la edad de 21 años llegó a Londres. Parte de lo que hacía era participar en exhibiciones públicas donde aparecía desnuda. Pronto fue identificada por el nombre del “Delantal Hottentot”, en referencia a sus genitales gigantescos (los holandeses habían llamado “Hottentot” a los habitantes del sur de Africa por el sonido que hacían los Khoisa al hablar, como chasquidos.

La realidad fue que en Londres se la exhibía sobre una plataforma y se la hacía caminar desnuda mientras que el público la miraba con gran sorpresa, admirados de su nalgotas, haciéndola caminar, saltar, agacharse y enseñar sus partes íntimas como si fuera una salvaje. Tanto los hombres como las mujeres vivían admirados y se la identificaba como una aborigen primitiva y salvaje del corazón africano.

Se la hizo participar en exhibiciones privadas de la aristocracia donde hacían con ella lo que querían y, después de cuatro años de abusos e indignaciones en Londres, un francés la compró y la hizo parte de un circo ambulante, donde se la exhibía dentro de una jaula como un animal salvaje. Desde un principio se suponía que ganara la mitad de lo que pagaran la gente, pero nunca fue así y terminó alcoholizada muriendo de una pulmonía en Paris. Después de morir le cortaron los genitales y le sacaron al cerebro para exhibirlos en “El Museo del Hombre” de París como una novedad, no sin antes preparar un molde de todo su cuerpo en cera Para ser exhibido en el museo.

La novedad de Saartjie causó sensación en Europa, tanto por los aspectos sociales como también para demostrar, según ellos, la superioridad de la raza europea. A los africanos se le comenzó a ver como animales, con características físicas del reino animal, mientras que los blancos europeos se les vería como representantes de Dios, de su bondad y de su belleza. Las nalgas grandes y abultadas (una condición llamada “steatopigya” ocurre entre algunas tribus africanas pero fue muy interesante cuando los europeos trataron de imitar la condición añadiendo un trasero artificial a los vestidos de sus mujeres y considerarlo como “atractivo.”

No fue hasta el 1994 cuando Nelson Mandela solicitó formalmente a Francia el retorno de los remanentes de uno de sus hijas y finalmente fue aprobado pero de una manera tan peculiar para garantizar que el proceso no se fuera a repetir (a riezgo de que se vaciaran las arcas de muchos museos franceses llenas de exhibiciones similares). Cuando su cuerpo llegó a Sudáfrica seis niños Khoisa cargaron su féretro cubierto con la bandera Sudafricana, el pais recientemente liberado de la esclavitud terrible del Apartheid.

¿Cómo es posible que los seres humanos cometamos tales injusticias contra otros seres humanos? Al fin de cuenta terminamos pareciéndonos los unos a los otros.

3 comentarios:

Veronica dijo...

El caso de esa pobre mujer, víctima del abuso de miembros de sociedades supuestamente civilizadas,muestra con claridad lo que desde hace siglos dice La Biblia, que el hombre gobierna al hombre en perjuicio del hombre.No aprendimos de Jesús, que trató a las personas que le rodearon de manera digna, sin importar su procedencia,color o nacionalidad.

Anónimo dijo...

Y lo que le estamos haciendo a los animales... algún día también nos mirarán como bárbaros a nosotros, no lo dudéis. El trato a los animales será visto como lo de los blancos a los negros.

Anónimo dijo...

Verónica:
Me causa gracia que cites la Biblia.. No la has leído acaso?
En ella la esclavitud es aprobada, tanto en el antiguo como el nuevo testamento.
Los esclavistas utilizaron la Biblia para justificarse por muchos siglos.