jueves, 23 de abril de 2009

Esperanzas

Esperanzas
De todas las esperanzas en el ser humano una de las mayores es la belleza. Todas las personas deseamos ser bellas. Cuando nos paramos frente al espejo deseamos vernos bellos y si alguien va a decir algo sobre nuestra apariencia deseamos que lo que diga sea un reflejo de lo bello que deseamos o pensamos ser. Nadie se levanta en la mañana pensando, “hoy voy a ser feo.” Por lo contrario, nos levantamos pensando “hoy voy a ser una estrella.” Y una de las mejores cosas que nos puedan ocurrir es que alguien nos mire de arriba abajo y nos diga “pero qué hermosa te ves,” “pero qué elegante te ves,” “pero tu eres una estrella total hoy,” “te ves chulísima,” “ese gallo está más bueno…”

De todas las esperanzas en el ser humano una de las mayores es la paz. Los que se levantan cada mañana como enemigos del mundo muy pronto aprenden que la energía gastada en odiar, herir y guerrear es deshumanizante, no sólo para sí mismos sino para todos los que le rodean.

De todas las esperanzas en el ser humano una de las mayores en la verdad. La mentira es la mejor manera de herir la dignidad propia, porque amenazando la dignidad de otros se amenaza la dignidad propia y la dignidad humana en general. Con la mentira se vende el alma al mejor postor. Aunque el mentir es de humanos, lo más inhumano es la mentira vulgar, la que es hecha con la intención de causar daño por beneficio personal. Qué hermosa es la verdad y qué vulgar la mentira.

Pero de todas las esperanzas, de todas las fortalezas, de todas las posibilidades y de todas las potencialidades la mayor de todas es el servicio. El servicio es lo que atrae más de cerca al humano en mi con el humano en ti. El servicio es la cortada que saca al cáncer del egoísmo desde adentro para revelar el latir común entre todos los seres humanos. El servicio hace posible que lo que me sobra a mi lo pueda compartir con otro e, inclusive, hace posible que de lo que tengo lo haga parte del que no lo tenga.

La vida está repleta de esperanzas y todas comienzan en ti, en mi, en nosotros.

Y Más Esperanzas
Se cuenta que el legislador Licurgo fue invitado a dar una conferencia sobre educación. Aceptó la invitación, pero pidió un plazo de seis meses para prepararse. El hecho causó extrañeza, pues todos sabían que él tenía capacidad y condiciones para hablar en cualquier momento sobre el tema. Y por eso mismo lo habían invitado. Transcurridos los seis meses, Licurgo compareció ante la Asamblea, que estaba expectante. Se ubicó en la tribuna, y enseguida entraron unos criados portando cuatro jaulas. En cada una había un animal; en total eran dos liebres y dos perros.

A una señal preestablecida, uno de los criados abrió la puerta de una de las jaulas y una pequeña liebre blanca salió corriendo, espantada. Luego, el otro criado abrió una jaula donde había un perro, y éste salió en desesperada carrera a la captura de la liebre. La alcanzó con destreza, destrozándola rápidamente. La escena fue dantesca y golpeó a todos. Una gran conmoción corrió en la Asambleay los corazones de todos parecían saltar del pecho.

Nadie conseguía entender lo que Licurgo deseaba con tal agresión. Licurgo no dijo nada. Volvió a repetir la señal establecida, y la otra liebre fue liberada de su jaula. Enseguida, se liberó al otro perro. El público apenas contenía la respiración. Algunos, más sensibles, llevaron las manos a los ojos para no ver la repetición de la muerte bárbara del indefenso animalito que corría y saltaba. En el primer instante, el perro embistió contra la liebre. Sin embargo, en vez de destrozarla, la tocó con la pata y ella cayó. Luego se irguió y se puso a jugar. Para sorpresa de todos, ambos animales mostraron tranquila convivencia, saltando de un lado para el otro.

Entonces, y solamente entonces, Licurgo habló: “Señores, acabáis de asistir a una demostración de lo que puede la educación. Ambas liebres son hijas de la misma matriz. Fueron alimentadas igualmente y recibieron los mismos cuidados. Así, igualmente, los perros. La diferencia entre ellos reside, solamente, en la educación.” Y prosiguió vivamente su discurso, exponiendo las excelencias del proceso educativo: “La educación, basada en una concepción exacta de la vida, transformaría la cara del mundo. Debemos educar a nuestro hijo, esclarecer su inteligencia pero, ante todo, debemos hablar a su corazón, enseñándole a despojarse de sus imperfecciones. Recordemos que la sabiduría por excelencia consiste en volvernos mejores.” (tomado de http://miguelricci2008.blogspot.com/2009/02/licurgo-para-pensar-no.html).

La educación es nuestra mayor esperanza!

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