lunes, 12 de junio de 2006

"Enamorao a Raja Tabla"

La última vez que me enamoré todo lo veía en blanco y negro. No sé por qué pero eso era lo que veían mis ojos. No importaba si empezaba de izquierda a derecha o de derecha a izquierda todo era blanco y negro. Si movía mi cabeza de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, todo era blanco y negro. En las esquinas, en los finales, en las curvas, en los símbolos, en los espacios, en las pausas y hasta en la exclamaciones, todo era blanco y negro y yo estaba perdidamente enamorado.

Pero antes de que me llamen "loco," quisiera explicar que no fue culpa mía. Fue culpa de una chica que me encontró por ahi, me miró a los ojos y me dijo "tómalo." Y yo lo tomé en mis manos, en mis brazos, en mi mente, en todo mi ser y estuve borracho con ese amor hasta que se me acabaron los espacios en blanco y negro. Entonces me sentí tan desdichado con ese final, pero a la vez tan entusiasmado y tan contento con lo que recibí de ese amor.

Yo no sé si ustedes se han enamorado de esa manera pero era como dice la bachata, yo estaba "más perdío que un camino viejo," tan asfixiao como una garrapata en lomo de yegua virgen, tan ciego como un gallo de pelea borracho con clerén. Y, lo peor de todo, yo no podía despegarme de ese blanco y negro. Lo tenía agarrado tan fuertemente que no lo solté hasta que se me hizo de día y se me cansaron los ojos de tantas curvas que ví.

¿Quieren saber cómo se llamaba? Se llamaba Pi. Para ser más específico se llamaba "Life of Pi" y lo escribió un canadiense llamado Yann Martel. Sí, me enamoré de un libro, de su contenido, de su pasión, de su imaginación, de su creatividad, de sus historias y metáforas, de sus dobleces y sus verdades, de sus aventuras y sorpresas, de sus palabras, de sus párrafos y de sus imágenes. Lo sé, lo sé, la mayoría de nosotros pensamos que sólo nos podemos enamorar de algo hecho con carne y hueso; pero, señoras y señores, el placer de un buen libro dura mucho más que lo que ofrecen la carne y los huesos, uno lo puede repetir cuantas veces uno quiera sin necesidad de pastillas o artífices increíbles y, más que nada, no hay que usar las artimañas del diablo para recibir ese sentimiento profundo e incontenible del buen amor.

Perdónenme la osadía de decir que si usted no ha leído hasta enamorarse de lo que está leyendo entonces usted todavía no ha descubierto lo que es el verdadero amor, el amor a la belleza visible sólo a los ojos de la mente, a los oídos de la imaginación, al placer de ojos que nunca cierran sus párpados a la creatividad. Es una pena, pero si usted no ha sabido sentarse sin querer pararse ni para orinar por culpa de un libro, es porque aún no ha abierto sus ojos a la bendición más grande que pueda recibir cualquier humano: el amor al placer de la lectura.

Cuando leemos nos ponemos en contacto con ese espíritu universal que puede conectar nuestra alma a las almas de millones de personas que han leído ese mismo texto. A través de ese blanco y negro, ese fondo infinito de blanco relleno con curvas, rectas y detalles negros, que nos abre el puente hacia el universo infinito de las ideas, podemos crear nuevos cuerpos y nuevos corazones. Como lo dijera André Maurois, "la lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta." Y el que no lee es un aburrido. Imagínense viviendo con alguien que no ofrece nunca nada nuevo, que siempre tiene los mismos cuentos y las mismas historias, que su mundo se limita a lo que se le presenta ante su rostro, sin alcanzar el mundo del más allá, el de las sorpresas, de la imaginación, de los valores universales. Como dijera alguien, "no es analfabeto aquél que no sabe leer, sino aquél que sabiendo leer, no lee." ¿Qué mejor saludo que preguntarle a un amigo, 'y qué has estado leyendo ultimamente'?" Y que desgracia cuando nadie nos responde o nos dicen "nada, no estoy leyendo nada."

¡Cuántos corazones vacíos y cuántas almas soñolientas, huecas al placer de otros mundos, de otras caricias, del placer del intelecto y de la lujuria por la sabiduría que nos ofrecen los libros! El mejor amigo no es un perro, es un libro. No te ladra, no te gasta, no te ensucia, solo te ilustra, te enriquece, te da placer y te hace una mejor persona.

Terreneros y terreneras, leamos, enamorémonos de las páginas en blanco y negro que nos ofrecen todo un mundo de placer, en nuestras mentes y en nuestros corazones. ¡A leer todos!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola José,

Me encanto lo que dijiste en tu escrito "Enamorao a Raja Tabla." Es cierto lo que dices. Te pareces a mi padre en la forma que escribes.

Gracias,
Inmaculada

Terrenero dijo...

Gracias, Immaculada, lo considero un honor que me parezca a tu padre y me gusta aón más que te haya gustado el escrito.
jose