lunes, 7 de diciembre de 2009

Cementera, Elecciones y Barrick Gold

Pueblo Viejo, ¿se repetirá la historia? El próximo frente.
El éxito del movimiento para impedir la instalación de una cementera próxima al parque nacional Los Haitises revela aspectos notables del evolucionar político-social en la República Dominicana y, muy posiblemente, en Las Terrenas. Si es así amerita que reflexiones profundamente sobre sus implicaciones en esta comunidad, el ombligo del pais.
Entre todas las características del movimiento a favor de mantener la integridad de la zona aledaña a Los Haitises, la más preponderante fue, a mi juicio, el nivel de compromiso con el bien común manifestado por los participantes. Luchando contra el gobierno, contra un consorcio empresarial extremadamente poderoso, contra organismos de fuerza del estado y contra oponentes políticos comprometidos, los jóvenes y simpatizantes se mantuvieron en firme y enarbolaron persistentemente el mismo himno de guerra: Los Haitises merece ser preservado porque el bien común está por encima del bien comercial que podría obtenerse con la cementera.
Esta búsqueda por el mejor bien posible para la comunidad es sumamente transcendental, sobretodo tomando en cuenta nuestras realidades sociales, las que incluye un nivel de corrupción nacional sumamente alto, según lo revelado por Transparencia Internacional en informes recientes. También por las percepciones que esos mismos informes revelan en cuanto al nivel de interés entre l@s ciudadan@s dominican@s acerca del estado de la sociedad dominicana. Lo que ocurrió con la cementera rompe los estereotipos. Los que lucharon contra la cementera no encajan con el perfil de personas apáticas o poco informadas.
Como me ha tocado dirigir dos eventos de protesta, La Marcha por el Pueblo del 3 de agosto y el Concierto por las Playas del 6 de noviembre, me resulta más fácil entender lo que ha ocurrido con la cementera. En ambos eventos no habían ni agitadores ni subversivos. Los que habían eran personas comunes, preocupadas por las condiciones de su comunidad, expresándose de manera cívica y pacífica y haciendo ver que vale la pena aún empoderarse de temas de preocupación común para juntos buscar el bien común.
Eventos recientes resaltan aún más lo ocurrido en la cementera y lo ocurrido en Las Terrenas en esos dos eventos. Personalmente, me he sentido profundamente compungido con el escenario político local, sobretodo a raíz de las acusaciones y contra acusaciones después de las primarias del PLD (“toda política es local”, decía el fallecido vocero de la cámara baja del congreso norteamericano, Tip O’Neill). Anticipo que algo similar podría suceder con las primarias del PRD. Por uno de esos idealismos irreconciliables con la obvia realidad, pensaba que los dos partidos mayoritarios, el Partido de la Liberación Dominicana que gobierna al pais, y el Partido Revolucionario Dominicano, ambos fundados por el insigne maestro Juan Bosch, de alguna manera u otra podrían recapturar el idealismo y los principios de su fundador y darían un salto milagroso hacia una plataforma nueva, honesta, transparente, ética y puntual, dentro del marco de las terribles condiciones sociales que afectan al municipio. O sea, pensé que estarían más preocupados por el bien común. Fue todo un idealismo, un sueño, un terrible espejismo.
La política moderna frecuentemente se ha identificado con el neoliberalismo, fundado por Keohane y Nye, la filosofía igualmente atada a la economía en que el enfoque se centra en las “ganancias absolutas” y no en las “ganancias relativas.” De esa manera si alguien o algo añade a la posibilidad de ganar la meta política escogida (sea el municipio o el establecimiento de una cementera) entonces se amarran todos los cabos posibles para lograrlo, aunque el resultado final no sea necesariamente el bien común. Lo que el partido oficial, PLD, ha hecho desde el gobierno central es espeluznante, con niveles de corrupción e impunidad únicos.
En estos casos lo que se desea es ganar, pura y sencillamente, de la misma manera en que una compañía busca hacerse dueña de un segmento del mercado mediante estrategias mediáticas y de mercadeo. Ganar ese segmento no quiere decir que el producto sea necesariamente mejor, sino que simplemente logró mercadearse mejor.
La gente que luchó contra la cementera nos enseña que hay alternativas y que el actuar con conciencia resulta apetecible. El gobierno pretende ahora darle diez veces más derechos a la compañía minera Barrick Gold, la compañía lider a nivel mundial en la explotación del oro. Entre su junto de directores está Gustavo Cisneros, venezolano, presidente del Grupo Cisneros, el mismo que obtuvo grandes extensiones de terreno en el área de Miches y amigo personal del Presidente Fernández. Esa es la misma compañía que pretende destruir dos glaciares en la frontera Argentina-Chilena, área de Pascua Lama, para llegar al oro y que ha despertado múltiples protestas desde hace años. Recordemos que cada onza de oro produce 70 toneladas de desperdicio tóxico mientras se utilizan y se contaminan espeluznantes cantidades de agua.
El contrato actual de la Barrick Gold es un insulto a la dignidad del pais y amerita ser rechazado y sólo hay que fijarse en lo que la compañía ha hecho en Africa y Latinoamérica para saber lo que va a ocurrir aquí. Anticipo que las minas de Cotuí serán el próximo frente de lucha.
Cuando las autoridades de un pais o de un municipio actúan en franca contraposición a los intereses del bien común necesitan de una respuesta precisa, macisa, concisa e incisa de parte de la población. Vimos lo que se pudo lograr aquí en Las Terrenas y vimos lo que se obtuvo a raiz de lo que sucedió con la cementera. Es un nuevo despertar, hay nuevas esperanzas. No la perdamos de vista.
Las Terrenas merece lo mejor!

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