viernes, 14 de enero de 2011

El Año del Peñón


El 13 de abril del 2029 un asteroide de 300 metros de largo llamado Apofis va a pasar a 38,000 kilómetros de la tierra. Esa es la distancia a la que están colocados la mayoría de satélites que orbitan la tierra y es una décima parte de la distancia a la que está la luna (la luna está a 380,000 kms de la tierra). Se piensa que en el 2029 no chocaría con la tierra, pero el asteroide regresará en el 2036 y en ese entonces sí podría hacer contacto.


Si choca no destruiría la tierra pero dependiendo de dónde caiga podría causar grandes daños. Si cae en tierra una zona del tamaño de Francia sería totalmente destruída, si cae en agua podría crear un tsunami que inundaría totalmente al Japón. Los daños a la corteza terrestre, sus consecuencias sobre la foresta, la atmósfera y zonas cercanas durarían décadas.


La NASA de los Estados Unidos ha recalibrado sus estimados y redujo las probabilidades de choque, pero las informaciones no son completas. Con total certeza el asteroide pasará cerca, demasiado cerca, pero es muy temprano para saber por ciencia cierta si chocará con la tierra o no. En estos casos hay que pensar si organizaciones como la NASA dirían la verdad pensando en el pánico que podría causar.


El potencial desastre que este asteroide podría causar fertiliza la imaginación. No hay nada a lo que se le pueda comparar porque sus efectos serían mayores que cualquier guerra o plaga conocida y lo peor de todo es que se trata de una situación sobre la cual los seres humanos no pueden hacer nada en absoluto. Por eso es que los rusos han propuesto destruirlo en el espacio antes de llegar, lo que despierta increíbles escenarios que sólo han sido vistos en películas o en obras de ciencia ficción.


El terror que pueda causar un fenómeno natural como ése sólo puede compararse al temor creciente que algunos sentimos cuando pensamos en las condiciones presentes dentro del municipio. El temor proviene de tres factores importantes:

a) la ausencia de un plan-visión orientado hacia el desarrollo sostenible, incluyendo la creación de una marca-producto turístico para el municpio, que ayude a potenciar todo lo bueno que tenemos como destino turístico y a prevenir los daños causados por la contínua y creciente depredación de los recursos naturales y por la persistente desigualdad económica dentro del municipio;

b) la profunda corrupción e intransparencia en la manera en que el ayuntamiento conduce sus asuntos, condiciones que la conocen los inversionistas, los negociantes, los politicos y todos los que están al tanto de las cosas, un ejemplo de lo cual fue el fiasco Punta Poppy causado por un empleado del ayuntamiento actuando al margen de la ley; y,

c) la increíble ineficacia en el manejo de los servicios básicos y esenciales descritos en la Ley de Municipios, tales como el tránsito municipal, el control de ruidos y de la contaminación visual, la seguridad, el manejo de desechos sólidos, la construcción de contenes y calzadas, el manejo de espacios públicos y las actividades culturales, entre muchos otros factores.


El temor se origina porque esos tres factores, complejos pero reales, pueden causar terribles consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales similares a la caída de un meteorito frente a nuestras costas y causando un tsunami que nos ahogue a todos. El temor no se limita a lo que el ayuntamiento ha hecho sino también a lo que ha dejado de hacer, lo que forza la pregunta, ¿pero qué diantres pasa aquí? ¿Cuánta más ineficiencia, cuánto más abuso, cuánta más depredación debemos soportar?


Por eso creo que el 2011 es el Año de la Oportunidad para Las Terrenas. Es en este año cuando debemos dar los giros necesarios, cuando debemos tomar las medidas difíciles pero necesarias, cuando debemos pensar en un plan de 5 años que transforme al municipio totalmente y lo coloque a la cabeza de la eficiencia, de la transparencia, del servicio comunitario, del desarrollo económico sostenible, de la preservación de los recursos naturales, de una mayor equidad social y de un crecimiento cultural y educativo sin igual. La comunidad y su capacidad de acción será profundamente puesta a prueba.



Si ese giro no ocurre, entonces preparémonos para el peñón que nos va a caer encima más rápido de lo que pensamos.

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