lunes, 2 de julio de 2012

El Embrujo de la Violencia



Hace unos días un niño vino cerca de la Biblioteca Anacaona con un tirapiedras. Sin razón alguna le tiró una piedra al letrero de la biblioteca, haciendo un hoyo y destruyendo el centro del mismo. Le pregunté a algunos vecinos si habían visto lo ocurrido y me dijeron que sí, pero que no pudieron hacer nada. Obviamente se trata de un chico algo violento, quizás con alguna afección emocional o, quizás alguien acostumbrado a ver o a experimentar actos de violencia y por ello lo ve como algo normal.


Casi a diario veo casos similares: los niños que atacan aves y animalitos sin razón alguna, hermanitos dándose golpes, padres o madres amenazando verbalmente a sus pequeños por cualquier cosa, llamándolos ofensivamente y hasta golpeándolos. En la calle veo a motoristas que transitan de manera impulsiva y violenta, se cruzan delante de uno, se atraviesan, hacen gestos groseros, protestan, amenazan, gritan. Los políticos nos engañan, nos roban, nos avasallan, abusan de sus privilegios y toman medidas violentas en contra del bien común. Todo es violencia..

En lo que va de año cerca de 100 mujeres han sido muertas por compañeros, amantes, esposas. Niños matan a niños. Dos amiguitos juegan juntos y minutos después uno le pega un botellazo al otro y lo mata, por un pleito de carritos. Otro hombre se corta el pene despechado porque la persona que ama lo rechaza. La policía mata con o sin razones, los vecinos se lanzan pedradas o disparos, otros echan basura en la propiedad ajena y otros tantos rayan carros o dañan lo que no es suyo. Igualmente maltratamos a los animales, quemamos los árboles, por comer un mango maduro tumbamos a 20 de los verdes y nada parece importarnos. El mar se ensucia, los humedales se cegan, los lomas de queman, los árboles de cortan, los ríos se contaminan. Todo es violencia. En la radio hablan mal, insultan, ofenden, mienten. Todo es violencia.

Parece que vivimos totalmente infatuados con la violencia, una violencia que nos abraza, nos besa, nos hace el amor, se acuesta con nosotros, se viste de nosotros, nos perfuma, nos maquilla, nos peina y, finalmente, nos da color, sabor, textura, forma y movimiento. Vivimos embrujados por esta violencia.

¿Qué hacer? Decía Gandhi que todo lo que se obtiene con violencia “sólo se puede mantener con violencia” y es por ello que a veces los resultados de la violencia son hasta peores que la violencia misma al reducirnos a la impotencia, al desespero, a la frustración y al desencanto. Cuando alguien actúa con violencia física o emocional contra nosotros puede que sintamos que no hay nada que podamos hacer. El engaño, el robo, los insultos, las injurias, las mentiras, los abusos, los golpes y la muerte son todas formas diversas de violencia en contra de las cuales a veces no sabemos qué hacer. Si usted se siente agobiado o agobiada por la violencia recibida no se sienta mal, a todos nos pasa lo mismo.

Admiro mucho el pensamiento de Francisco, un italiano del pueble de Assisi en la zona de Perugia en el centro de Italia entre Roma y Florencia. Nació en una familia rica en el siglo XII y disfrutaba ampliamente de la vida, hasta que recibió una visión diferente de la vida y volvió a su casa para convertirse en un pordiosero. Fundó la orden de los Franciscanos y de las monjas claretianas que hacen votos de pobreza. Se le considera como el santo patrón de los animales y del medio ambiente. En una de sus meditaciones escribió una oración profundamente inspiradora que quizás pueda ayudarnos a responder la pregunta “qué hacer” ante tantas formas de violencia. Dice Giovanni Francesco:

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.

Entonces la respuesta es quizás que nos convirtamos en agentes de cambio y provoquemos una alteración en el curso "normal" de las cosas violentas. Como dijo Gandhi “sé tú el cambio que deseas ver en el mundo.”

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