martes, 26 de enero de 2016

La Luz al Desnudo

Lo que deberíamos tener en Las Terrenas

El anterior fin de semana largo nuevamente desnudó ante la comunidad y los turistas visitantes la complejidad del estado actual del sistema eléctrico en Las Terrenas.  Los constantes apagones enervaron los estados de ánimo entre los dueños de empresas turísticas y el público en general, produciendo igualmente animadas discusiones en las redes sociales.

¿Cuál es la verdad de las cosas?  Posiblemente escondida entre aquí y allá.  Yo no creo poseer toda la verdad, como tampoco creo que la posean ni la Superintendencia de Electricidad (SIE) ni la empresa Luz y Fuerza (LyF).  Cada persona deberá obtener sus propias conclusiones, pero hagamos el intento de desnudar algunos factores y circunstancias a ver en qué dirección nos pueda llevar.

Primero, la República Dominicana no ha resuelto su problema eléctrico.  Es costoso, abusivo, complejo, exasperante, improductivo y el resultado de una maraña de circunstancias ajenas al bien común y al mejor costo y servicio para el consumidor eléctrico.  En esa maraña han estado envueltos el Estado Dominicano, los generadores, las distribuidoras y, claro está, los consumidores que pagan y no pagan.  El problema no es nuevo y, aparentemente, seguirá para rato.

Segundo, Las Terrenas fue una comunidad a la que la luz le llegó gracias a las acciones de técnicos e inversionistas dominicanos y extranjeros, aprovechando el emergente destino turístico en un momento en que el Estado no podía hacerse responsable del suministro energético.  Luz y Fuerza fue el resultado de esa intención sabiamente realizada por extranjeros y dominicanos y que logró comenzar a operar “a la cañona.”  De hecho, por más de 20 años la empresa funcionó sin una concesión hasta que Leonel Fernández, a través de la Comisión Nacional de Energía, le hizo ese “regalito” a la empresa en julio del 2011.

Tercero, durante un poco más de 20 años la empresa distribuidora de electricidad Luz y Fuerza mantuvo un servicio generalmente estable en el contexto de lo necesario.  De hecho, la empresa distribuidora era solamente eso, una empresa distribuidora.  No se puede hablar de distribución sin hablar de generación y la Generadora de Samaná, igualmente con socios mixtos, era el otro lado del sistema eléctrico local y ambos manejados por el Ing. Orsini Bosch.  El matrimonio distribuidora-generadora se convirtió en un monopolio que, a la sazón, era ilegal según entiendo.  En Las Terrenas todo el mundo sabe del rol del Ing. Orsini en ambas empresas aunque la Generadora pudiera tener testaferros.

Cuarto, en nuestra pequeña comunidad de Las Terrenas se crearon interesantes confluencias entre teorías neoliberales y capitalistas que en ausencia de la apatía estatal y el rejuego económico de actores claves hicieron posible un monopolio de servicio eléctrico y un estado de sitio social y político donde Luz y Fuerza y la Generadora de Samaná se convirtieron en agentes de redistribución social, política y económica en beneficio de actores al servicio de ese poder económico.  Por años ese monopolio sostuvo a muchos políticos y politiqueros provinciales y locales sin importar el partido y ni siquiera, hasta el día de hoy, se conoce precisamente cuánto le paga Luz y Fuerza a la alcaldía según el 3% de ley, o en qué manera se utilizó ese aporte local para beneficio clientelistas y demagógicos de las autoridades de turno.  Los responsables no quieren que se sepa y la alcaldía misma no tiene mecanismos para establecer responsabilidad y transparencia.

Quinto, el servicio eléctrico traído por esos inversionistas y eventualmente gerenciado casi exclusivamente por el Ing. Orsini Bosch ayudó a ampliar la base económica del municipio y a crear un ambiente de suministro eléctrico que contrastaba profundamente con el servicio eléctrico nacional.  “Cara pero estable” se convirtió en el mantra del lugar.  Los empresarios, socios indirectos y utilitarios del sistema existente, no se quejaban porque el costo real lo asumen los usuarios de sus villas, hoteles y restaurantes.  El usuario común, sin embargo, vivía prisionero en un sistema que aún persiste como abusivo e incoherente, donde todavía no se cumple plenamente la Ley de Electricidad.

Sexto, si la empresa era tan buena, ¿cómo es que generó constante protestas en todos sus años de existencia?  En los últimos años los comunitarios, las iglesias y otras organizaciones cívicas, notablemente las juntas de vecinos, se lanzaron a la calle, realizaron más de 30 visitas a la SIE y realizaron una marcha a pié al Palacio Nacional de carácter histórico donde pidieron la intervención del Presidente Danilo Medina.  Nunca antes se había visto en toda la provincia ni en la región, y quizás ni siquiera en el país, a cerca de 5,000 ciudadanos marchando pacíficamente para despedir con su apoyo a los caminantes que recorrieron 150 kms a pie en tres día hasta llegar a la capital.  Sin resultados prácticos, claro está.  El mismo Presidente Medina meses más tarde echó un balde de agua congelada cuando declaró durante la inauguración del liceo técnico que no podía hacer nada.

Séptimo, la prueba de fuego llegó en noviembre del 2014 cuando la comunidad, sentida y frustrada con el Estado, con la alcaldesa interina y con los regidores, condujo una protesta violenta que culminó con tres muertos y millones de pesos en daños.  Entonces el Estado actuó.  Los empresarios locales, que no habían participado ni dado apoyo a ninguna de las actividades de los comunitarios en 8 años de lucha persistente, usaron igualmente su influencia a su manera para que el Estado interviniera.  En reunión abierta más de 1,000 personas escogieron una comisión cuyo mandato fue “conectarnos al sistema nacional”, expresado también como “traigan a Edenorte”, pero que en realidad querían decir “fuera Luz y Fuerza.”  ¿Cómo es posible que una empresa que alegadamente había hecho tanto bien a la comunidad culminara con un repudio casi total entre la población?  Eso es tema para otro artículo.

Octavo, la SIE vino a Las Terrenas y el resultado final de su intervención con autorización presidencial y a un costo de millones de dólares fue la urgente interconexión al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) bajo una estructura de tarifas establecidas por el Estado.  La SIE hizo otras promesas las cuales hasta el día de hoy no han cumplido, por lo que aún existen lagunas e insatisfacciones por parte de los usuarios.  Poco tiempo después de realizada la interconexión el Estado intervino nuevamente y a través de la Comisión Nacional de Energía negó la solicitud de concesión a la Generadora de Samaná la cual fue obligada a cerrar sus operaciones ya que la distribuidora supliría sus necesidades energéticas a través de las redes nacionales o SENI.  Eso marcó el fin del monopolio, una estocada letal al sistema imperante porque las mayores ganancias del sistema provenían de venderle caro a la distribuidora, la que a su vez le vendía caro a los usuarios.  Hay tantos detalles en esa maraña que ameritan otro artículo solamente para eso.

Noveno, entonces comenzaron los “eventos”, el nombre técnico dado a los apagones.  Esos eventos han llegado a una cúspide el pasado fin de semana donde posiblemente hubo unos 50 o más eventos entre jueves y domingo.  Según las informaciones dadas por la empresa los apagones se deben a debilidades del sistema de transmisión, a que no hay suficiente voltaje, a que el SENI no es confiable y a que no puede satisfacer las horas pico en tiempo de alto consumo.  Repetidamente la empresa ha insistido que la respuesta es volver a prender la planta de generación y a que el Estado subsidie a Luz y Fuerza.  La empresa argumenta que no tiene sentido cortar la luz porque representa pérdidas para la empresa.  En realidad esas “pérdidas” son gananciosas si consiguen venderle al público y a los empresarios la idea de que la planta hay que prenderla otra vez, o que el Estado subsidie directamente al sistema.  Si yo fuera el Estado no le daría un chele a ese barril sin fondo.

Décimo, por su lado la SIE ha dicho múltiples veces que las redes del SENI exceden las capacidades requeridas por el mercado de Las Terrenas aún en horas pico y que los eventos ocurren en las redes de Luz y Fuerza.  ¿Quién dice la verdad?

Además de los diez anteriores hay otros factores, las redes de Luz y Fuerza son viejas y algunas obsoletas.  El sistema se manejaba manualmente, o sea, que cuando ocurrían problemas en las líneas había que ir físicamente al lugar de los hechos y comenzar a utilizar el “cutao” (cut-out), la varita mágica del obrero de la empresa para bajar y subir sistemas.  Ahora, con la construcción de la subestación en Hoyo del Cacao, la computadora puede identificar dónde ocurren los daños.  Con RARAS EXCEPCIONES, los técnicos de la SIE han sostenido que los eventos ocurren en las líneas de Luz y Fuerza, al tiempo que meses atrás cuando comenzaron los eventos luego de la interconexión, indicaron que las líneas habían experimentado sabotajes.  ¿Quién dice la verdad?

Cabe notar que la energía eléctrica del SENI llega por las redes recién instaladas entre Sánchez y Las Terrenas hasta la subestación de Hoyo del Cacao.  No nos explicamos el por qué, pero esa subestación ahora tiene nos murales gigantescos con el nombre de Luz y Fuerza.  Si la subestación es de Luz y Fuerza y los problemas ocurren allí, ¿no es Luz y Fuerza igualmente responsable de lo que pueda estar ocurriendo?  La SIE no ha respondido a nuestra solicitud de clarificación, pero el hecho es que la energía llega a la Subestación y desde ahí entra  a las redes propiedad de Luz y Fuerza, las mismas redes construídas en los veinte y tantos años de manejo de la empresa, las que pasan por nuestras calles y las que SIEMPRE, en un momento u otro, han tenido problemas.  De hecho, ni siquiera la Generadora de Samaná tenía capacidad absoluta para general el total de la demanda, pero ahora—y siempre de acuerdo a la SIE—sí la hay.  Entonces, ¿a quién creemos?

Yo personalmente no tengo ninguna confianza a una empresa que ha realizado constantes abusos a través de sus años y que utiliza la mentira y la desinformación para realizar sus propósitos.  Creo que algo bueno y capaz degeneró en algo insostenible, ni técnica ni éticamente.  Personalmente no estuve de acuerdo con la interconexión, sigo creyendo que el Estado debió quitarle la concesión a LyF y debió dejarlo conectado al SENI a los mismos precios que pagan los usuarios en Sánchez y Samaná (menos de la mitad de lo que pagamos aquí). 

Al mismo tiempo, creo que Las Terrenas tiene todas las características necesarias para un modelo diferente, la creación de una empresa sin fines de lucro operando con fuentes energéticas naturales para reducir la contaminación, reducir la huella de carbono y que utilice sol, viento y material orgánico para general de la manera más limpia y menos costosa posible.  Es un modelo que existe en otros sitios (particularmente Alemania) y creo que es un desperdicio que no lo hagamos así. 

Finalmente, Luz y Fuerza no puede ni quiere regenerarse, la reingeniería es prácticamente imposible luego de veinte y tantos años de un sistema corrupto y abusivo.  Perdieron su visión si fue que alguna vez la tuvieron.  El Estado hace lo imposible por negar la luz verde a sistemas alternativos y es por eso que lo local es reflejo del conflicto nacional.  El Estado es su propio enemigo y los conflictos internos que general son eruptos incómodos como lo que ocurre en Las Terrenas.


Sigo creyendo que Las Terrenas puede hacerlo diferente.  Creo también que LyF sigue mintiendo y que la SIE y la Comisión de Energía siguen sin hacer lo que tiene que hacer.  Estamos cogidos por la moña en una ciguapa de situaciones ilógicas, mal intencionadas y francamente exasperantes.

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