jueves, 18 de enero de 2007

Nuestra Peor Desgracia

Si usted pregunta cuál es nuestro mayor problema en Las Terrenas algunos dirán:
· la inseguridad ciudadana producida por la creciente criminalidad ligada o no al uso y tráfico de drogas;
· la falta de un acueducto adecuado y sanitario;
· la contaminación ambiental causada por la basura, el ruido y el humo de motores y vehículos;
· la crisis del hospital, tanto en su planta física como en su manejo operativo;
· el ineficiente tránsito vehicular, con sus problemas de entaponamiento y aparcamiento.

Hay otras opiniones y factores. Sin embargo, ni la criminalidad, ni los hoyos en las calles, ni la ausencia del desagüe sanitario, ni la ausencia de contenes y aceras, ni el humo o ruido, ni la contaminación en las calles y playas constituyen el problema más grave en Las Terrenas. La mayoría de esos y otros problemas tienen soluciones prácticas, algunos de ellos se han comenzado a confrontar y en el caso de otros es asunto de tiempo o de recursos, mientras que hay algunas condiciones culturales y sociales que harán imposible la solución total de algunos otros.

Para mi la peor desgracia en nuestro pueblo es humana y, simplemente dicha, tiene que ver con el estado de abandono en que se encuentran gran parte de nuestra niñez y juventud. Algunas de las circunstancias observables en muchas familias son:
  • el maltrato físico muy por encima de lo que se podría considerar disciplina, incluyendo a veces daños físicos permanentes y, quién sabe, hasta la muerte;
  • el abuso sexual de muchos niños y niñas, sobretodo cuando padres y madres “venden” o “alquilan” a sus menores por dinero, o los envían a las calles a “buscarse gringos”;
  • menores que amanecen bebiendo, fumando y usando drogas en los barrios y calles;
  • menores y hasta infantes, que son dejados solos en sus casas durante la noche;
  • niños y niñas que viven con padres adictos al alcohol o las drogas;
  • menores utilizados como vigilantes y “tráficos” para piperos en los puntos de drogas, vendiendo ellos mismos drogas o cigarrillos;
  • niños y niñas que no van a la escuela;
  • la promiscuidad imperante en muchos de nuestros barrios, donde los niños y niñas pierden su niñez prematuramente, envueltos en un clima hipersexualizado;
  • padres y madres que ignoran lo mínimo de cómo nutrir emocional y psíquicamente a sus pequeños y terminan creando un ambiente malsano para sus hijos e hijas en el hogar;
  • niños que no tienen tiempo para simplemente ser niños.
Esos son sólo algunos de los factores más visibles.

Según el VIII censo de población y vivienda, en el 2002 habían 14,000 personas viviendo en Las Terrenas (números redondos). Debido a una tasa de crecimiento anual de 6% en el 2007 contamos con unos 17,500 habitantes. De esos unas 8,225 personas son menores de 19 años (o el 47% de la población) y unas 6,475 personas son menores de 14 años (o 37% de la población).

Las Terrenas tiene la población más joven entre los tres municipios que componen la provincia. Ahora, imagínese por un momento que sólo el 10% de la población menor de 14 años viva bajo las condiciones descritas anteriormente, eso representaría a 647 niños/as viviendo bajo condiciones deplorables y, a veces, hasta infrahumanas. Esas son 647 personas a quienes se les golpea, se les abusa sexualmente, se les maltrata sicológicamente y viven de forma paupérrima. Esas son las 647 personas que crecerán desnutridas, con un concepto equivocado de la vida y de sí mismos, que probablemente abandonarán la escuela, tendrán problemas sicológicos, usarán drogas, se ampararán en la venta de sus cuerpos y difícilmente serán entes constructivos y productivos. 647 personas, uno de cada 10 menores de 14 años. La cifra de 647 pudiera duplicarse o triplicarse dependiendo del porcentaje que usted escoja como “problemática.”

Así que si dos de cada diez niños/as menores de 14 años viven en condiciones deplorables estaríamos hablando de 1,294 niños/as; si son tres de cada diez niños/as serían 1,941 personas o más de un diez por ciento de la población total.
La pregunta es, ¿cuál es el futuro de un municipio en el que un gran número de sus niños/as podrían estar viviendo en condiciones tan deplorables?
Cuando usted se da cuenta que en este municipio no hay un parque infantil, no hay actividades recreativas y deportivas para la mayoría de la población infantil y juvenil y que al mismo tiempo lo que sí hay es drogadicción, alcoholismo, prostitución, abuso físico y emocional y otras tantos males, entonces, ¿cuál será el futuro de nuestro pueblo?

Yo preferiría mil veces que las calles estén llenas de hoyos, que los motores y carros sigan echando humo sin ton ni son, que vivamos del agua de lluvia y que tengamos que ir a El Limón, Sánchez o Nagua para recibir atención médica antes que seguir en medio de una podredumbre y un desajuste social y familiar como el que actualmente vivimos.

Los valores de una comunidad
se conocen viendo la manera en que trata
a sus dos extremos: los niños y los ancianos.
Alzo una voz de alarma, lo que sembramos hoy cosecharemos mañana y la mejor inversión que un pueblo puede hacer es en su niñez, en su juventud y en sus valores

Aprovecho para hacer una propuesta razonable a las autoridades edilicias que manejan el único presupuesto fijo del que podamos depender: por el amor de Dios, dediquen por lo menos un 10% de su presupuesto anual para programas de educación, desarrollo, prevención, tratamiento y apoyo a la niñez y a la juventud. 10% del presupuesto para el 47% de la población. Ustedes no son culpables de las condiciones actuales, ustedes sólo serán culpables si no hacen nada al respecto.

Cada pe$o invertido en la niñez, siempre y cuando sea usado efectivamente, es un peso invertido, mejor que la construcción de contenes y aceras que, total, no usamos porque están llenas de obstáculos. La salud física y emocional de nuestra niñez y juventud es más prioritaria que aceras, contenes, luces en las calles, bacheos y murales. Inviertan 10 millones en el muro del cementerio si quieren pero inviertan por lo menos un millón en un parque infantil. Gasten 50 millones en aceras y contenes, pero inviertan cinco millones en un programa social, cultural y deportivo para la juventud y la niñez. Inviertan 10 millones en bacheo, pero metan por lo menos medio millón en una biblioteca. En la manera en que mostramos nuestras prioridades revelamos los valores que dan fuente a su liderazgo.

Nuestra niñez no puede vivir como si le hubiéramos declarado una guerra.
Nuestra niñez no puede seguir desvalida mientras construímos una metrópolis moderna, si no hay dinero para proteger a la niñez y a la juventud entonces hay que buscar la manera de crearlo.

Nuestros niñez y juventud merecen algo mucho mejor que lo que hasta ahora le hemos dado.


ESOS LOCOS BAJITOS (canción)
Joan Manuel Serrat

A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción; esos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que, por su bien, hay que domesticar.

Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, nuestros rencores y nuestro porvenir. Por eso nos parece que son de goma y que les bastan nuestros cuentos para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas sin saber el oficio y sin vocación. Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción.

Niño, deja ya de joder con la pelota...

Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós.

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