miércoles, 3 de octubre de 2007

Indignidades

De todas las cosas que he descubierto en mis casi cinco años de vida en Las Terrenas la más terrible de todas ha sido la siguiente: nos abruma la indignidad.

Primer ejemplo. Durante el reciente operativo médico Mujer Saludable llevado a cabo por la Fundación Mahatma Gandhi en asociación con la Avanzada Comunal Enseñando y Sanando y con la colaboración de varios gestores locales se proveyeron 567 servicios médicos que incluyeron consultas médicas, ginecológicas, de planificación familiar, de sicología, de laboratorios y de farmacia (ver reporte en http://fundacionmahatmagandhi.com/mujer_reporte.html). Setenta mujeres solicitaron atención ginecológica y setenta de ellas (cien por ciento) padecían de algún tipo de infección vaginal. Claro está, por eso acudieron al operativo. Sin embargo, los que organizamos el operativo, luego de analizar los resultados nos continuábamos preguntando “¿por qué?” Todo el que es mujer o que ha compartido su vida con una de manera conyugal sabrá en qué consiste una infección vaginal. A veces la causa es el desarrollo normal femenino (desbalances en el ph); a veces la causan las relaciones sexuales debido a, entre otras cosas, falta de higiene; y, más a menudo, la causa es la ausencia de agua potable con la cual lavarse adecuadamente.

Como en la gran mayoría del territorio municipal no hay agua limpia y tratada adecuadamente es altamente probable que una gran cantidad de mujeres sufran de infecciones vaginales frecuentes. Según el último censo poblacional la proyección poblacional en Las Terrenas nos coloca en 20,000 habitantes, con un 49% de la población compuesta de mujeres; o sea, que deben haber unas 10,000 mujeres en el pueblo. Pregunta: ¿cuántas de ellas sufren de infecciones vaginales? Pregunta: Si al INAPA o si la sindicatura la dirigiera una mujer que haya sufrido múltiples infecciones vaginales por causa de agua no potable, ¿continuaría Las Terrenas teniendo un servicio de agua tan ineficiente como el que tenemos actualmente?

Yo estoy casi seguro que la primera mujer síndica en este pueblo hará posible, como primera obra de transcendencia, que toda mujer terrenera tenga acceso al agua adecuada para su higiene personal. Y si lo promete en campaña yo estoy convencido de que obtendría el 50% de los votos nada más con esa promesa. Porque, señores, no soy mujer pero es terrible sufrir de infecciones vaginales constantes. Que se lo diga la mujer que le quede más cerca. Que tantas mujeres tengan que sufrir irremediablemente tantos problemas médicos íntimos por falta de agua adecuada es una indignidad mayúscula.

Segundo ejemplo. Durante otro operativo médico de la Fundación Mahatma Gandhi una jovencita de unos 14 o 15 años se presentó aquejada de “dolores estomacales.” No eran problemas de dolores estomacales sino que estaba embarazada. Al preguntársele si era sexualmente activa respondió que sí, que se había acostado con tres tipos pero que “ninguno de ellos era su novio” y, por lo tanto, no podía estar embarazada. Su creencia era que sólo los novios embarazan. Con ese nivel de ignorancia estamos condenando a cientos de estas jóvenes a un círculo de pobreza, para ellas y para sus criaturas. Que la ignorancia crasa, como la de la joven, produzca tanta pobreza material y espiritual es, sin duda alguna, una indignidad. Y no le echemos culpa a los padres y a las madres, muchas de los cuales no saben cómo ayudar a sus propias hijas en situaciones como éstas. En Las Terrenas el 25% de la población femenina (1 de cada cuatro mujeres) está entre los 10 y los 19 años y casi el 60% del total de las mujeres en el municipio está por debajo de los 24 años. Esa es la población más activa sexualmente. ¿Cuántas de ellas saben protegerse de embarazos no deseados? ¿Cuántas de ellas saben que no tiene que ser un novio el que la pueda embarazar? Que una adolescente en un pueblo como Las Terrenas no sepa, a esta altura del juego, cómo se queda embarazada es una indignidad humana.

Tercer ejemplo. La primera vez que una jovencita de apenas 15 años tuvo sexo se infectó del HIV/SIDA. Apenas comenzando se jodió. Cuando se le preguntó que si había usado un condón la jovencita preguntó, “¿y qué es eso?” En una provincia donde según la Oficina Nacional de Estadísticas el 95% de las personas sabe del condón y el 98% sabe lo que es el SIDA es una situación “rara” lo que le ocurrió a esta chica. Pero con sus 20,000 habitantes el 5% que desconozca del condón sería igual a 1000 personas, 500 de las cuales serían mujeres (el 50% de esa población) y el 25% de esos 500, o sea 125, serían niñas y jovencitas entre 10 y 19 años. Obviamente, la jovencita de nuestro caso fue una de ellas. Y si le pasó a ella le podría ocurrir a las otras 124 también.

En este país la prevalencia del HIV/SIDA es de un 1.1, o sea, que en Samaná con 100,000 habitantes deben haber 1100 personas contaminadas y en Las Terrenas, con 20,000 habitantes deben haber, por lo menos 220 infectados. Pero según datos del UNAIDS, la prevalencia del SIDA puede ser del 1.1 al 12% según las características de la comunidad. Se calcula que existen unas 100,000 mujeres catalogadas como trabajadoras sexuales en todo el pais (ir aquí), pero en la República Dominicana el mayor beneficiario de la labor de las trabajadoras sexuales es el hombre local (no el turista) y como el foco principal de transmisión es el sexo heterosexual eso quiere decir que como Las Terrenas vive del turismo es probable que la prevalencia del SIDA en Las Terrenas es más alta del 1.1% ya que tanto hombres como mujeres pueden ser transmisores. Mujeres menores de 24 años transmiten el SIDA al doble del número que los hombres de la misma edad (ver aquí). Eso querría decir que un nivel más alto en Las Terrenas (dado su negocio sexual) podría ser sólo de un 2.2% o el doble del promedio nacional, lo que querría decir que en Las Terrenas hay 420 personas con el SIDA. Pero si el promedio local es de 5% entonces habrían más de 1000, o uno de cada 20 habitantes y la mitad de ellos serían mujeres (porque representan el 50% de la población).

Ojalá que no sea así pero, obviamente, a esta jovencita le tocó tener su primera experiencia sexual con uno de los infectados. Qué mala suerte y qué indignidad, carajo!

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