martes, 1 de julio de 2008

"Enseñar puede cualquiera..."

“Enseñar puede cualquiera; educar sólo aquél que sea un evangelio vivo.”
José de la Luz y Caballero

En esta semana en que se celebran a los maestros y maestras cabe destacar que de todas las necesidades perentorias en Las Terrenas la mayor de ellas es la educación. Es evidente que han habido muchos logros en los últimos años y que, recientemente, se han prometido y comenzado nuevos planteles en el municipio. Pero la educación no puede ser definida por la cantidad o calidad de las aulas disponibles, ni por la cantidad y calidad de computadoras, ventanas, patio, baños y equipos a disposición del personal.

La mejor manera de percibir el desarrollo educativo en la comunidad radica esencialmente en tres factores considerados como esenciales para el progreso balanceado, sostenido y efectivo en la búsqueda de la excelencia educativa. El primer factor tiene que ver con la visión educativa de las organizaciones educativas. El segundo factor tiene que ver con el nivel de participación de los padres en el desarrollo educativo de sus hijos e hijas. Y el tercero de ellos tiene que ver con las capacidades intrínsecas y técnicas en el personal que participa en las labores docentes.

Claro está, los alumnos son parte integral del proceso ya que sin los cuales no habría función educativa, pero en término de ejercicio pedagógico ellos componen el otro lado de la naranja y ameritan consideración aparte de la que nos ocupa en este artículo.

La visión educativa se centra en la búsqueda de la excelencia tanto en el aula como en la gerencia escolar. Si usted se pasa un día entre aulas y oficinas en cualquiera de nuestros planteles docentes, ¿encontraría excelencia educativa? Estoy seguro que cada maestra y cada administrador podría decir que lo que hace refleja excelencia educativa interpretada desde un ángulo muy personal. Lo que hace falta, sin embargo, es una visión de conjunto sobre lo que constituye excelencia educativa en el contexto de las necesidades comunitarias y de las condiciones en cada plantel. De esa manera, sean instituciones públicas o privadas, todas buscarían una excelencia educativa según parámetros ejemplares que reflejen adónde deseamos que se dirija cada institución y también la comunidad desde la óptica pedagógica.

El nivel de participación de los padres es indispensable porque aunque muchas escuelas y maestros funcionan in loco parentis (en función de padres), la verdad es que un hogar donde no se demanda a los niños a que estudien, no hay libros de lectura y cultural general y los padres no se inmiscuyen en demandar y apoyar la búsqueda de excelencia educativa constituye un aliado muy pobre para la gestión educativa. Los mejores alumnos son aquellos cuyos padres participan de, y contribuyen a, la gestión educativa, motivando a sus hijos, apoyando la labor del maestro y del gerente y asegurándose que los valores educativos sean mantenidos en alto.

Las capacidades intrínsecas y técnicas en el personal tienen que ver no sólo con la capacidad de manejar un aula, o tener una licenciatura en pedagogía, sino con aspectos de cultura general en el educador, lo que se manifiesta no sólo en lo que se hace en el aula sino en lo que no se hace en un aula, o en el patio. Se enseña no sólo con lo que se incluye en el currículo sino también con lo que se deja fuera del currículo y el currículo es tanto formal (lo que contienen los libros de texto) como informal (la personalidad, las actitudes y los valores del educador manifestados en su conducta y en su trato con los educandos).

Una parte esencial de la formación pedagógica del educador tiene que ver con el crecimiento y desarrollo personal y profesional, ya que un educador que cierra sus libros al graduarse y que no busca arribar a más altas cumbres está condenado a repetir numerosas veces su primer año de labor docente. Esto quiere decir que muchos en lugar de 15 años de experiencia lo que tienen es un año de experiencia repetidos 15 veces. La ausencia de desarrollo personal y profesional en el educador se reflejará tanto en el aula (el currículo formal) como fuera del aula (el currículo informal).

Mi abuela fue una educadora, mi padre es un educador, yo tengo 25 años en la labor educativa y creo saber tan poco como cuando empezaba mi primer año de estudios universitarios en la carrera de educación. Cada día que pasa descubro lagunas enormes en mi escaso conocimiento y cada día que pasa trato de desaprender tantas cosas insensatas e inservibles en mi educación formal. Es una lucha personal constante, tratando de llenar mis lagunas y tratando de vaciarme de lo innecesario. Educarse uno mismo es un gran desafío y es algo que todo educador debe tomar muy en serio.

Creo que todos los que nos consideramos educadores en Las Terrenas nos convendría mucho un punto de encuentro, un taller, una conferencia, un congreso anual, donde podamos recargar las pilas, colaborar en la búsqueda de una visión clara de lo que sería la excelencia educativa en el contexto dificultoso de Las Terrenas. Imagínese si una vez al año, maestros y administradores, nos sentáramos a compartir, a soñar, a aprender, a nutrirnos y a enriquecernos con los conocimientos y prácticas de otros educadores, nacionales como extranjeros. Imagínese si se pudieran ofrecer talleres frecuentes de desarrollo personal y profesional e, igualmente, si existieran maneras de reconocer y celebrar los logros y cualidades de los maestros y maestras que tenemos.

En esta semana de los maestros rindo honor a los que han escogido esta noble y sacrificada misión y los animo a que búsquen cumbres aún más altas. Las Terrenas se merece los mejores maestros que podamos tener. Felicidades maestros y maestras.

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