martes, 23 de noviembre de 2010

Reir, Llorar, Poesías

En algún lugar, en algún momento del mundo, alguien ríe.  Por nada, sin nada, simple y puramente el democrático ejercicio de mover hasta 400 músculos y quemar mucha energía.  Según varias fuentes virtuales el reir trae muchos beneficios, como que con cada carcajada se ponen en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos del estómago que sólo se pueden ejercitar con la risa. Además:
Limpieza: se lubrican y limpian los ojos con lágrimas. La carcajada hace vibrar la cabeza y se despeja la nariz y el oído. Además, elimina las toxinas, porque con el movimiento el diafragma produce un masaje interno que facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y las sustancias tóxicas.
Oxigenación: entra el doble de aire en los pulmones, dejando que la piel se oxigene más.
Analgésico: durante el acto de reír se liberan endorfinas, los sedantes naturales del cerebro, similares a la morfina. Por eso, cinco o seis minutos de risa continua actúan como un analgésico. De ahí que se utilice para terapias de convalecencia que requieren una movilización rápida del sistema inmunológico.
Rejuvenecedora: rejuvenece al estirar y estimular los músculos de la cara. Tiene, además, un efecto tonificante y antiarrugas.
Previene el infarto: el masaje interno que producen los espasmos del diafragma alcanza también a los pulmones y al corazón, fortaleciéndolos.
Facilita el sueño: las carcajadas generan una sana fatiga que elimina el insomnio.
Yo vivo muy saludable porque cada vez que pienso en nuestro ayuntamiento me muero de la risa y me paso por lo menos 20 minutos riéndome, a veces hasta se me sale la pipí.

En algún lugar, en algún momento del mundo, alguien llora.  Por nada o por algo, por placer o por dolor, puramente el intrépido ejercicio de llorar.  Siempre lloramos (para mantener nuestros ojos bien lubricados e impedir daño) y a veces lloramos porque algo molesta a las pupilas como el polvo, una pajita o el pelar cebollas (o si vamos en una motocicleta sin gafas de protección).  Pero hay un llorar emocional, el que dura más que un simple ratito, el de pena, el de frustración, el de dolor, el de pesar.  Las lágrimas contienen mucho manganeso, el cual es tóxico, así que el llorar libera al cuerpo de su exceso; pero, aparte de ello, es una manera de mostrar que somos más sensibles, más humanos, más auténticos con nosotros mismos.  A los  hombres se nos enseña a no llorar como lo hacen más frecuentemente las mujeres.  Por eso los hombres morimos más rápido, porque nos quedamos con todo ese manganeso por dentro o, mejor dicho, porque no sabemos vivir lo suficientemente bien como para darnos la libertad de simplemente llorar.  Yo no tengo miedo de morirme muy joven, cada día hago ejercicios de llorar, 15 minutos cada día y me salen lágrimas por borbotones.  Todo lo que hago es sentarme a pensar en lo que hacen algunas gentes en un edificio de tres pisos color melocotón en la Calle Principal.  Guay mi pueblo!!!

En algún lugar, en algún momento del mundo, alguien escribe un poema.  Un poema es una realidad imaginada, coloreada con palabras que tiemblan o bailan, con vaivenes del espíritu que se parecen a la llegada de las olas del mar y con saltos impredecibles como cuando las olas se van.  Un poema nos forza a ver las cosas como las cosas desean ser vistas, a veces solitarias y a veces bien acompañadas, a veces sentidas en el mismo centro del estómago y a veces saliendo por los poros.  No se puede expresar bien lo que se siente cuando dedos enamorados tocan el perfil de un pecho inflado por la pasión, o cuando labios entreabiertos susurran la única palabra que logra derretir los más grandiosos témpanos, “más!!”.  Con un poema se entrega el alma, con otro se expresa tan profundo pesar que el mundo se parte en tres.  Además el poema ve lo que ciega a los ojos, expresa lo que ensordece a los oídos y pinta los colores que ningún atardecer se atreve a revelar.   

Las risas y las lágrimas nos durarán toda la vida pero la poesía perdura para siempre.

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